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04 marzo, 2009

Cierra el Cine Albéniz.

Acabo de recibir la noticia de que el Cine Albéniz ha cerrado. Os dejo un vídeo donde se comenta la noticia. Desconozco lo que puede haber detrás de este cierre, pero espero que el Ayuntamiento, en contra de su política habitual, esta vez sí que decida hacer algo para la cultura de Málaga.

El Cine Albéniz era el último reducto de cine independiente y medianamente alternativo que quedaba en Málaga. ¿No era rentable? Lo desconozco, pero hay cosas que tal vez no deban ser rentables, o que tal vez no lo sean porque se fomenta lo contrario. La gente ve lo que se le pone delante de sus ojos, porque todos somos así de cómodos. Y si tenemos "Agárrate como puedas 25" en 200 pantallas, pues eso será lo que se vea y arrase.

Málaga, ¿capital cultural?



Os dejo algunos enlaces con comentarios al respecto. Desconozco el comentario de la calle (como sabéis, estoy en París actualmente), pero seguro que seremos muchos los que echemos de menos una forma de entender el ocio y de relacionarnos con nuestra ciudad.

- Noticia en Diario Sur.

- Noticia en Versus.

- Noticia 1 y Noticia 2 en Vive Málaga.

28 noviembre, 2007

"Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro". Groucho Marx

Ahora que tanto se está hablando sobre la responsabilidad social de la televisión, acabo de escuchar esta cita en Punto Radio. Y es que cuando tanto programa deplorable nos invade, lo mejor que se hace es seguir los pasos de este tan sabio "filósofo".

02 marzo, 2007

Por la cultura. No al préstamo d€ pago en bibliotecas.

Acabo de leer en http://noalprestamodepago.org/ un magnífico texto de José Luis Sampedro. Se trata del canón que se pretende cobrar CADA VEZ que se haga un préstamo en una biblioteca. Parece que la legislación europea obliga a ello. Lo que yo me pregunto es cómo hemos podido permitir que se apruebe esta legislación. Estamos en un país con una red de bibliotecas demasiado débil para que reciba este mazazo. Os recomiendo que visitéis esta página. Allí podéis encontrar mucha más información y otras adhesiones contra este dichoso canón. A continuación reproduzco el citado artículo.

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.

Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.

En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio

b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?

Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.

Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro